El bautismo
El bautismo es una ordenanza que involucra un acto externo y requiere la fe de la persona que se bautiza (llamado catecúmeno o iniciado). El bautismo es el primer acto externo (iniciación) personal y voluntario al camino de nuestro Señor Jesucristo. Es el compromiso público de dedicarse a Dios a través del camino de Jesús. El bautismo es un acto simbólico exterior de una realidad ya presente en su interior. Solo aquellos que se sienten perdonados por Dios y viven de esa manera pueden bautizarse como una manifestación externa de su conversión interna hacia Dios.
Bautismo es el nombre que damos al acto de bautizar. Bautizar viene de dos palabras griegas (βάπτω y βαπτίζω). La primera significa mojar, empapar o teñir y la segunda significa sumergirse o hundirse. Ejemplos de bapto (βάπτω) son: Jos 3.15 donde los pies de los sacerdotes se mojaron en la orilla del río Jordán; Lv 4.6,17 donde el sacerdote moja su dedo en la sangre; Lv 11.32 donde se purifican los artículos inmundos poniéndolos en el agua de la purificación. En Ap 19.13 “Su ropa estaba empapada (literalmente bautizada) en sangre y su nombre era: El Verbo de Dios.”
Para el tiempo de Juan y Jesús, era sinónimo del acto sagrado del lavamiento en el agua como señal o prueba de que había ocurrido interiormente una purificación. Uno NO se bautiza para que Dios lo perdone, uno se arrepiente y cambia de opinión y conducta, experimenta el perdón de Dios y luego se bautiza.
El bautismo en agua
En la Biblia vemos el bautismo en agua por primera vez con Juan el Bautista, quien fue el instrumento de avivamiento mesiánico de donde nació luego el movimiento cristiano. Lo que más atraía a la gente a Juan era el bautismo que él confería. Muchos esperaban que el lavamiento en agua efectuado por Juan les quitara sus pecados, y así escapar del juicio de Dios. Pero Juan exigía primero muestras de arrepentimiento verdadero.
Según el historiador Josefo, “Juan era un hombre santo que había exhortado a los judíos a llevar una vida recta, a practicar la justicia hacia sus semejantes y la devoción a Dios, y entonces ir al bautismo. Este era un paso previo necesario para que el bautismo fuera aceptable para Dios. No debían emplearlo para obtener el perdón por los pecados que hubieran cometido, sino como una purificación del cuerpo que implicaba que el alma ya estaba completamente limpia por mantener una conducta recta” (Josefo, Antigüedades 18:117). Este mismo concepto comenzó con un grupo de sacerdotes que vivían apartados, conocido como los Esenios. Ellos formaron comunidades y vivieron en En-Gadi, al norte y oeste del mar muerto (Qumrán). El bautismo en agua es originariamente esenio.

Al bautismo de Juan solo podían ir quienes se habían arrepentido y no para empezar a arrepentirse. Era un acto público que demostraba que la persona ya había tomado la decisión de vivir como Dios manda (Mt. 3.11; Mr. 1.4; Lc. 3.3; Hch. 13.24; 19.4). Los que se bautizaban expresaban el hecho de sentirse perdonados o su deseo de ser perdonados porque ya se habían arrepentido (Mt. 3.6; Mr. 1.5). Todos los bautizados en el NT fueron bautizados por Juan o en el nombre de Jesús. El bautismo de Juan fue la antesala del bautismo cristiano.
Un requisito para el bautismo en agua de Juan era “8 hacer frutos dignos de arrepentimiento; 9 y no piensen decir dentro de ustedes: ‘A Abraham tenemos por padre’. Porque yo les digo que aun de estas piedras Dios puede levantar hijos a Abraham.” (RVA-2015, Mt 3.8-9). O dicho de otra manera “8 Demuestren con su forma de vivir que se han arrepentido de sus pecados y han vuelto a Dios. 9 No se digan simplemente el uno al otro: “Estamos a salvo porque somos descendientes de Abraham”. Eso no significa nada, porque les digo que Dios puede crear hijos de Abraham de estas piedras.” (NTV, Mt 3.8-9).
Si solamente quienes se han arrepentido y se sienten perdonados van al bautismo, ¿cómo saber si uno ha sido perdonado? Por el cambio en el comportamiento. Si la persona se relaciona con Dios y con sus hijos con interacciones abiertas y amistosas, esto es señal de que ha ocurrido un perdón interior. Además, la persona notablemente muestra mucho menos tensión o conflictos en sus relaciones personales, menos resentimiento en sus interacciones. Estas son muestras de que ha abrazado el perdón y que está trabajando a favor de la reconciliación. ¿Cómo vive una persona perdonada? Una persona perdonada vive:
- Con alivio emocional: El sentimiento predominante es el de alivio. El peso del remordimiento, la culpa o la vergüenza han disminuido significativamente o se han ido. Esta liberación permite a la persona sentirse más ligera y en paz.
- Con mayor autoestima: Ser perdonado restaura la autoestima y la autoimagen que suelen ser dañadas por los pecados, errores y conflictos. La restauración de su ser interior permite a la persona perdonada recuperar su sentido de dignidad y respeto propio.
- Con una nueva motivación para vivir: El ser perdonado es un poderoso motivador para cambiar y mejorar la vida. Saber que alguien te ha dado una segunda oportunidad puede inspirarnos a llevar una vida mejor y evitar cometer los mismos errores.
- Con gratitud: Una persona perdonada lo más frecuente que experimenta es una profunda gratitud hacia quien le ha ofrecido el perdón. Esta realidad puede fortalecer la relación en algunos casos y desarrollar la armonía. Una persona perdonada por Dios responde con profundo agradecimiento a Dios, se acerca a Él y lo quiere conocer.
- Una persona perdonada vive perdonando a otros. Experimentar el perdón nos enseña el valor de perdonar a otros. Esto crea un ciclo virtuoso de perdón y comprensión mutua alrededor de nuestras relaciones. El perdón libera.
